viernes, 11 de diciembre de 2009

Dorado al agua



Hace cosa de dos meses me encargaron que dorara ésta mesa, que estaba simplemente tallada a mano en madera sin tratar. Una mesa preciosa, realizada por encargo, de esilo italiano, estrecha y larga (cerca de dos metros).

Las fotos son del proceso de dorado al agua, que es muy lento y laborioso. Consiste en aplicar una serie de capas sobre la madera y lijar entre ellas, para preparar la superficie adecuadamente a fin de colocar la lámina de oro. Antes de nada se prepara la madera con una capa de cola al uso y un poco de alcohol, y al secar se comienza a aplicar capas de yeso grueso diluido en cola de conejo. Se dan de tres a cinco capas (según cada dorador).






Hay que esperar bien a que seque entre capa y capa, y tener cuidado de no remover la capa de abajo una vez que demos la siguiente. Éstas películas de yeso grueso son muy duras porque el yeso grueso fragua y la cola de conejo le confiere más resistencia y dureza aún. Tras haberlas lijado bien se comienzan a aplicar las siguientes capas que serán de cola de conejo y ésta vez yeso fino, que es un yeso dihidrato, por lo que no fragua ya, y actua igual que un estuco tradicional empleado en la preparación de lienzos en la pintura española, desde el renacimiento.



Tras aplicar las mismas capas que de yeso grueso, se seca vuelve a lijar, ésta vez con más cuidado y dedicación aún, para evitar que queden imperfecciones e irregularidades en la superficie, que luego se notarían bajo la lámina dorada.



Cuando está perfecto, podemos aplicar el bol, ésta masa es una arcilla que se comercializ en varios colores, aunque el más clásico y utilizado es el bol rojo, también llamado de Armenia. Se diluye con cola de conejo, algo más clara, y se van aplicando capas con una brocha de pelo muy suave, por ejemplo de poney o de marta.





Entre capa y capa debe estar perfectamente seco, y se aplicarán las mismas capas que de yeso, o alguna más si se ve necesario.Cuando el bol está ya dado y seco, no se lija, sino que se bruñe. Este proceso se realiza con estopa fina, o con un pincel especial para ello conocido como "perrillo", que tiene un manojo de cerdas muy apretadas para ejercer una fricción grande sobre el bol. Al bruñir, se pula la arcilla, y la superficie pasa de ser pulverulenta y mate, a muy brillante y suave, de color rojo más oscuro.


Una vez que hemos bruñido todo es conveniente no tocar la superficie con los dedos para no engrasarla. Ya se puede comenzar a dorar. Para colocar las láminas de oro necesitamos un "pegamento" que en éste caso se llama templa, y se trata de una disolución de agua con alguna sustancia que le confiera algo de adhesividad. Las templas son diferentes según cada profesional y tan variadas que en su composición pueden llevar cola de conejo, cola de pescado, almidón, alcohol , y hasta orujo o aguardiente.



Para dorar la lámina de oro se coloca con mucho cuidado sobre el pomazón (una tabla con una almohadilla y una piel de pergamino para proteger de las corrientes), y se corta en los pedazos necesarios para ir colocandolo sobre la superficie. cuando queremos colocar un trozo debemos



cogerlo con cuidado con la pelonesa, que es un pincel muy ancho de pelo suave. Para que se adhiera el oro al pincel debe estar ligeramente engrasado, y será suficiente con que lo pasemos por nuestra cara o cuello para que se engrase y pueda adherir el oro al pelo.





Cuando el oro ya está en la polonesa se aplica con un pincel suave la templa sobre el trozo en el que queremos que se pegue la lámina, y luego con mucho cuidado se coloca el oro en el lugar.



A los pocos minutos se debe aplastar ligeramente con un algodón, o un pincel para ello llamado "pincel aplacador", que hace que se pegue totalmente a la superfice y se adhiera por completo.





Cuando han pasado unas horas el oro debe bruñise con una piedra de ágata, que pasada repetidas veces por la superficie hace que el oro adquiera el brillo carácterístico y "pega" aún más lá lámina a la superficie.







Por último se aplica un barniz para metal, normalmente laca zapón, aunque no es necesario, ya que el oro al no oxidarse no lo necesita imprescindiblemente pero si lo protege de rozaduras y de humedades que podrían deterioralo antes.












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